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Un día más, un día menos.
Ayer una mujer me pidió que le tatuara un número en la muñeca, y ese número me cambió el estudio para siempre. Entró en mi estudio ayer, sobre las cuatro de la tarde, sin cita. Yo tenía el día completo y estaba recogiendo la mesa entre un cliente y otro cuando se plantó delante del mostrador y me preguntó si podía hacerle un hueco. Levanté la vista y entendí enseguida que no era una petición cualquiera. Tenía los ojos hinchados, la cara apagada y las manos temblándole un poco
8 mar
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